Aunque Luo Zheng no estaba herido y el puñetazo de Luo Dalong no le causó dolor, fingió sus lesiones, luchando por ponerse de pie. Para mantener la apariencia de forma genuina, su cuerpo continuó temblando de manera incontrolable.
Cuando Luo Dalong vio a Luo Zheng levantarse, quedó conmocionado. Pensó que, incluso si no moría, Luo Zheng quedaría lisiado tras recibir su tiránico golpe; sin embargo, ahí estaba él, de pie. Esto hizo que Luo Dalong se sintiera avergonzado.
—¡Ja! ¡Como se esperaba de alguien en el Rango de Refinamiento de Carne! ¡Es muy bueno resistiendo golpes!
—¡Estoy de acuerdo!
—… ¡Quédate en el suelo! —Luo Dalong lanzó otro puñetazo.
¡Boom!
Luo Zheng era como un saco de arena humano, rodando por el suelo. Mientras caía, estaba desconcertado de felicidad. La corriente cálida apareció de nuevo en el momento en que Luo Dalong lanzó el golpe. Era como si se hubiera transformado en una pequeña serpiente que se filtraba en sus órganos internos. Sus meridianos se refinaban constantemente en algo nuevo, purificando sus vísceras.
Era reconfortante; era como si se estuviera bañando en una brisa primaveral. Sus ojos rebosaban de energía y vitalidad. Cuanto más observaba su cuerpo, más animado se sentía.
—¡Muere!
¡Bam!
—¡Te mataré a golpes!
¡Boom!
Cada corriente cálida que aparecía hacía que el cuerpo de Luo Zheng fuera más puro. Luo Dalong era el herrero diligente para Luo Zheng, forjando constantemente el «Artefacto Profundo» de Luo Zheng a través de sus propios puños tiránicos.
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