El movimiento de Bai Xiaochun al asomar la cabeza por la ventana atrajo de inmediato la atención del joven de rostro cetrino. Enfurecido, este bramó:
—¡Así que tú eres el tipo que me quitó el lugar!
Ya era demasiado tarde para que Bai Xiaochun volviera a esconderse. Al instante, puso su expresión más inocente y dijo:
—¡No, yo no fui!
—¡Mentiroso! ¡Eres tan flaco y bajito que obviamente eres el nuevo! —Xu Baocai apretó los puños y clavó una mirada furibunda en Bai Xiaochun. Estaba tan rabioso que parecía a punto de estallar en cualquier momento.
Sintiéndose bastante agraviado, Bai Xiaochun chilló:
—¡De verdad que no tuvo nada que ver conmigo!
—¡No me importa! ¡Dentro de tres días, en la ladera sur de la secta, tú y yo tendremos un duelo a muerte! Si ganas, no me quedará otra que aguantarme. Si pierdes, recuperaré mi puesto. —Xu Baocai metió la mano en su túnica y extrajo un Aviso de Sangre que arrojó sobre el alféizar de la ventana de Bai Xiaochun. El aviso estaba cubierto por incontables versiones del carácter «MUERTE», todos escritos con sangre.
Bai Xiaochun bajó la vista hacia todos esos caracteres y no pudo ignorar la intención asesina que emanaba de ellos. Se le heló el corazón. Entonces recordó que Xu Baocai acababa de mencionar un «duelo a muerte» y jadeó.
—¡Hermano mayor, esto no es para tanto! ¿Por qué tuvo que ir y usar su propia sangre para escribir tantos caracteres? ¿No le… dolió?
—¡¿Que no es para tanto?! —rugió Xu Baocai rechinando los dientes—. ¡Humph! He vivido con frugalidad durante una eternidad. ¡Ahorré piedras espirituales durante siete años! ¡Siete años, ¿me oyes?! ¡Solo entonces pude permitirme sobornar a la Guardia de Honor para que me consiguieran un puesto en Los Hornos! ¡¿Y entonces decides tú meter la pata en la puerta?! ¡Esta enemistad jamás se reconciliará! ¡Dentro de tres días será el día en que mueras!
—Creo que paso —dijo Bai Xiaochun, tomando el Aviso de Sangre con delicadeza entre el pulgar y el índice para luego lanzarlo por la ventana.
—¡TÚ! —rabió Xu Baocai. De pronto, sintió que el suelo temblaba y se dio cuenta de que una montaña de carne se erguía junto a él. Era difícil decir cuánto tiempo llevaba el Gran Gordo Zhang allí, pero ahí estaba, a un lado, evaluando fríamente a Xu Baocai.
—Noveno Gordo —dijo dirigiéndose a Bai Xiaochun—, te toca el turno de fregar platos con el Segundo Hermano. —Luego volvió a mirar a Xu Baocai—. ¡En cuanto a ti, deja de armar tanto escándalo! ¡Saca tu trasero de aquí! —Agitó su cucharón por el aire de forma amenazante, provocando que se levantara una ráfaga de viento.
El rostro de Xu Baocai decayó y retrocedió varios pasos. Quería seguir discutiendo, pero al ver la mirada impaciente del Gran Gordo Zhang, le lanzó una mirada venenosa a Bai Xiaochun y se marchó a zancadas.
Al reflexionar sobre ello, Bai Xiaochun se dio cuenta de que, dada la mirada sañuda que Xu Baocai le había dedicado, era seguro que volvería a aparecer en algún momento. Por lo tanto, lo mejor que podía hacer en esta situación era quedarse quieto en Los Hornos. Lo más probable era que Xu Baocai no se atreviera a volver allí para causar problemas.
Pasaron los días. Bai Xiaochun se acostumbró lentamente a trabajar en Los Hornos durante el día y a cultivar el Arte del Control del Caldero de Qi Violeta por la noche. Sin embargo, el progreso era lento. Finalmente llegó al punto en que podía aguantar durante cuatro respiraciones, pero no más, lo que lo dejó muy frustrado.
Una noche en particular, en mitad de su sesión de cultivo, oyó de repente un gran alboroto entre los hermanos mayores gordos.
—¡Cierren la puerta, cierren la puerta! ¡Rápido, Segundo Gordo Huang, cierra esa puerta!
—Tercer Gordo Hei, comprueba si alguien nos está espiando. ¡Deprisa!
Bai Xiaochun parpadeó sorprendido. Habiendo aprendido de su error anterior, evitó la ventana y espió por una rendija de la puerta. Lo que vio fue a un grupo de gordos afanándose por el patio tan rápido que casi parecían volar.
Momentos después, la puerta principal de Los Hornos estaba cerrada a cal y canto. Además, por alguna razón, había surgido una tenue neblina que hacía que los gordos parecieran más misteriosos que nunca.
Bai Xiaochun observaba la escena. Los gordos se apresuraban ahora hacia una cabaña de paja en particular. A pesar de la niebla, Bai Xiaochun distinguía claramente la formidable silueta del Gran Gordo Zhang, quien parecía estar hablando con los demás. Toda la escena era muy extraña, así que Bai Xiaochun comenzó a alejarse de la puerta en un intento de fingir que no había visto nada en absoluto.
Sin embargo, fue exactamente en ese punto cuando la voz del Gran Gordo Zhang resonó:
—Noveno Gordo, sé que estás mirando. ¡Sal de ahí! —Aunque no habló muy alto, su voz pesó instantáneamente sobre Bai Xiaochun.
Bai Xiaochun parpadeó unas cuantas veces y luego salió lentamente por la puerta, poniendo esa expresión inocente de quien no es capaz de lastimar ni a una mosca.
En cuanto se acercó al grupo, el Gran Gordo Zhang lo agarró y lo atrajo para que se quedara entre ellos. Casi de inmediato, Bai Xiaochun percibió un aroma único, algo que provocó que una sensación de calidez se extendiera por todo su cuerpo al instante.
Miró a los demás y vio que todos tenían expresiones de euforia. Por alguna razón, él también se sintió animado. Fue entonces cuando notó que el Gran Gordo Zhang sostenía un hongo mágico en la mano. Era del tamaño de la palma de un bebé y tan translúcido como el cristal; bastaba una sola mirada para que cualquiera notara que no era un objeto ordinario.
El Gran Gordo Zhang miró a Bai Xiaochun, le tendió el hongo y dijo con brusquedad:
—Vamos, noveno hermano menor, dale un bocado.
—Esto… —respondió Bai Xiaochun, observando el hongo mágico. Luego miró a todos los hermanos mayores gordos y vaciló. El Gran Gordo Zhang se irritó al instante. Por su expresión, si Bai Xiaochun no comía el hongo, ambos se convertirían en enemigos.
No era solo él. El Segundo Gordo Huang, el Tercer Gordo Hei y todos los demás fulminaban a Bai Xiaochun con la mirada.
Bai Xiaochun tragó saliva. Ni en sus sueños más locos se habría imaginado en una situación en la que la gente montaría en cólera si no le daba un bocado a un hongo mágico de valor incalculable, como si no fuera más que una pata de pollo. Y sin embargo, eso era exactamente lo que estaba sucediendo ante sus propios ojos.
El corazón de Bai Xiaochun latía con fuerza mientras apretaba los dientes y aceptaba el hongo mágico. Finalmente, abrió la boca y le dio un gran bocado. El hongo se disolvió instantáneamente en su boca, provocando que una sensación maravillosa inundara su cuerpo, algo muchas veces más intenso que lo que había experimentado momentos antes al solo olerlo. Casi al instante, su rostro se puso de un rojo brillante.
—Excelente. El Anciano Sun exigió que usáramos este hongo mágico centenario en una sopa. ¡Si todos le damos un bocado, entonces tendremos que hundirnos o nadar juntos! —El Gran Gordo Zhang se veía sumamente satisfecho mientras abría la boca y tomaba un mordisquito. Luego le lanzó el hongo al siguiente gordo en la fila y, pronto, todos estaban masticando la carne del hongo. Ahora que todos masticaban juntos, el grupo le sonrió a Bai Xiaochun como si ahora fuera uno de los suyos.
Bai Xiaochun se rió entre dientes al darse cuenta de que todos estos tipos eran, esencialmente, cómplices. Además, considerando que se habían puesto tan gordos de esta manera, probablemente no era peligroso unirse a ellos. Con razón Xu Baocai le había lanzado un desafío de duelo con la palabra «MUERTE» escrita tantas veces…
—¡Hermano mayor, ese hongo mágico estaba riquísimo! ¡Siento como si todo mi cuerpo estuviera en llamas! —Se lamió los labios y miró con impaciencia al Gran Gordo Zhang.
En respuesta, los ojos del Gran Gordo Zhang empezaron a brillar intensamente. Con una carcajada sonora, sacó con ostentación una flor de sello de Salomón y se la entregó a Bai Xiaochun.
—¿Ahora ves lo increíbles que son Los Hornos, hermano menor? ¡No mentía! Muy bien, come. ¡Come hasta que te hartes!
Los ojos de Bai Xiaochun empezaron a brillar mientras le daba un gran bocado. A continuación, el Gran Gordo Zhang sacó una especie de material precioso natural, algo que parecía una joya dorada y que emanaba un aroma fragante.
Bai Xiaochun no necesitó que el Gran Gordo Zhang lo animara. De inmediato le dio un bocado y se lo tragó. El sabor intenso lo llenó de una sensación maravillosa. Después de eso, el Gran Gordo Zhang sacó un fruto espiritual rojo increíblemente dulce.
Siguieron apareciendo más objetos. Hongos mágicos, diversos ingredientes medicinales, frutos espirituales y otros artículos valiosos. Bai Xiaochun participó de todos ellos, al igual que los demás gordos. Comió tanto que pronto le dio vueltas la cabeza. Casi se sentía borracho, con el cuerpo caliente y ardiendo hasta el punto de que un vapor blanco brotaba de su coronilla. Ya se sentía tan gordo como una pelota.
Cuanto más comía, más afectuosos se mostraban el Gran Gordo Zhang y los demás con él. Al final, se palmearon las panzas y rieron a carcajadas; todos parecían auténticos compañeros de fechorías.
Con la cabeza dándole vueltas, Bai Xiaochun estiró brazos y piernas. Su mano aterrizó sobre el gigante estómago del Gran Gordo Zhang y su pie quedó a un lado. Empezó a reírse junto a los demás.
—Otros departamentos de sirvientes matarían por meter a uno de los suyos en la Secta Externa. ¡Pero nosotros matamos para asegurarnos de quedarnos fuera! ¿Quién quiere ir allí de todos modos? ¿Qué tiene de bueno la Secta Externa, eh? —El Gran Gordo Zhang sonaba muy orgulloso de esto. Al terminar de hablar, sacó una raíz de ginseng. La raíz tenía incontables anillos de edad apenas visibles y estaba cubierta de numerosas raicillas. Claramente, esta raíz de ginseng era muy antigua.
—Noveno hermano menor, nuestras bases de cultivo son todas lo bastante fuertes como para habernos convertido en discípulos de la Secta Externa hace mucho tiempo. Sin embargo, preferimos ocultar nuestro nivel real. Mira, hay discípulos de la Secta Externa que matarían por la oportunidad de dar un solo bocado a una raíz de ginseng centenaria como esta. ¿Acaso nos ves asustados? —Acto seguido, el Gran Gordo Zhang arrancó una raicilla, se la metió en la boca, masticó y tragó. Luego le entregó la raíz de ginseng a Bai Xiaochun.
Bai Xiaochun estaba tan lleno que casi no podía ver bien.
—Hermano mayor, estoy lleno… De verdad que no puedo comer ni un bocado más…
Antes de que pudiera terminar de hablar, el Gran Gordo Zhang arrancó una raicilla y se la metió en la boca.
—Noveno hermano menor, estás demasiado flaco, tan flaco que no les gustarás a las chicas de la secta. ¡En nuestra secta, les gustan los tipos como nosotros, fornidos y rollizos! Vamos, come… —El Gran Gordo Zhang soltó un sonoro eructo. Luego recogió una pila de cuencos vacíos, señalando simultáneamente dos pergaminos colgados a ambos lados de la cabaña de paja cercana, en los cuales había escrito un pareado—. Mira, aquí tenemos un dicho que dice: «Prefiero morir de hambre en Los Hornos que luchar por subir peldaños en la Secta Externa».
Bai Xiaochun miró el pareado y dijo:
—¡Sí, por supuesto! ¡Todos queremos morir de hambre aquí! Esto… sí, morir de hambre.
Luego se golpeó la panza y soltó un eructo.
Al oír esto, el Gran Gordo Zhang y los demás estallaron en risas. A todos les parecía que Bai Xiaochun era cada vez más encantador.
—Hoy es un gran día —dijo el Gran Gordo Zhang—. Noveno hermano menor, tengo algo importante que decirte. En Los Hornos tenemos ciertas formas de hacer las cosas y, para encajar, necesitas memorizar una regla mnemotécnica. Presta atención: «Frutos y hierbas de naturaleza mágica; mordisquea los bordes pero deja la rama. Corta fina la carne si hay que faenar; y en cuanto a los huesos, carne deja de más. ¿Gachas espirituales? Échales agua hasta que clareen. ¿Vino fino? Media copa y que no te mareen».
»Estos seis versos fueron recopilados tras años de sufrimiento por generaciones previas. Si te dedicas a comer siguiendo estos principios, entonces tienes garantizada la seguridad. Muy bien, demos por terminada la noche. A dormir todos, el aperitivo de medianoche de hoy ha acabado. Los discípulos de la Secta Externa aún están esperando su sopa. —Mientras hablaba, el Gran Gordo Zhang comenzó a llenar los cuencos vacíos con gachas de arroz.
A Bai Xiaochun le daba vueltas la cabeza y no podía dejar de pensar en los seis versos de verdad que le acababan de recitar. Observó al Gran Gordo Zhang y a los demás llenando los cuencos, soltó un eructo y luego se puso en cuclillas para examinar los cuencos mismos. Entonces, sus labios se curvaron en una sonrisa.
—Hermanos mayores, estos cuencos son demasiado bonitos.
El Gran Gordo Zhang y los demás lo miraron con expresiones extrañas.
Luciendo tan encantador como siempre, soltó una risita y dijo:
—A primera vista no parecen muy grandes, pero en realidad pueden contener mucha comida. ¿Por qué no hacemos que parezcan grandes, pero que contengan menos comida? Por ejemplo, podríamos hacer el fondo de los cuencos… ¡más grueso!
El Gran Gordo Zhang se quedó pasmado, como si acabara de ser alcanzado por un rayo. Sus michelines empezaron a temblar y sus ojos brillaron intensamente. Los otros gordos empezaron a jadear y su grasa también comenzó a sacudirse.
De repente, un fuerte chasquido resonó cuando el Gran Gordo Zhang se golpeó el muslo. Luego echó la cabeza hacia atrás y soltó una carcajada estrepitosa.
—¡Sí, sí, SÍ! ¡Esa es una idea que vale la pena transmitir! ¡Las futuras generaciones de Los Hornos se beneficiarán de esto! ¡Noveno hermano menor, nunca imaginé que alguien tan encantador como tú fuera en realidad tan astuto! ¡Jajaja! ¡Naciste para formar parte de Los Hornos!
Comentarios
Comparte tu opinión sobre este capítulo